sábado, 8 de agosto de 2009

Universidad Tecnológica de Tula-Tepeji: Informe de Actividades

Universidad Tecnológica de Tula-Tepeji: cuatro largos años

Iván es un joven de 24 años, vive en una colonia de Tepeji del Río que se conoce como San Mateo. La última vez que me lo encontré, percibí en él cierto gesto de agobio, de hartazgo. Su rictus mostraba un rasgo de amargura inusual en los jóvenes de su edad. Después de las consabidas frases hechas, le pregunté a qué se dedicaba. La respuesta que me dio, me dejó literalmente helado y sin palabras:
–Trabajo de obrero. –Me dijo, y un atisbo de pena apareció en su rostro.
Él no lo supo, pero era mayor la secreta vergüenza que me invadió a mí en ese momento.
El que un joven en este país trabaje de obrero no tiene absolutamente nada de extraordinario; pero si ese joven es egresado de una institución de estudios superiores, la cosa cambia sustancialmente. Y si ese joven fue uno de tus alumnos destacados, el asunto adquiere tintes desoladores.
Cuando me encontré con Iván en aquella ocasión, yo aún trabajaba como profesor de tiempo completo en la carrera de Comercialización de la Universidad Tecnológica de Tula Tepeji. Ahí conocí a Iván y a esa institución Iván le apostó su futuro.
Hay una gota que hace que el contenido rebalse, en mi caso, la semana aquella en la que me encontré a Iván fue la última que estuve adscrito a la citada institución. Me quedaba sólo la tétrica noción de que como país, como sociedad, como universidad y como profesores habíamos fracasado.
Responsabilizar a la UTTT del futuro de todos sus egresados, sería una rotunda estupidez de parte mía. Sobre todo ahora que atravesamos una compleja crisis económica, debida, entre otras cosas, al agotamiento del modelo económico a nivel global.
Sin embargo, a la institución, específicamente a sus funcionarios, sí corresponde cierto grado de responsabilidad. Esto es más cierto en una instancia cuyo diseño considera la vinculación, como una de sus áreas sustantivas. Me duele profundamente afirmarlo, pero estoy convencido que la actual administración se marchará sin haber atisbado siquiera cuál era la naturaleza real de su encomienda.
En la era de las telecomunicaciones y de la revolución informática, no hay pretexto para que una institución como la UTTT desconozca el paradero de sus alumnos, mucho menos si éstos viven en Tepeji.
Algo tan sencillo como enviar un formato en un mensaje masivo cifrado en bits, les daría una cartografía bastante precisa del destino de los egresados. Pero en este país la abulia, la falta de imaginación, la frivolidad, la insensibilidad siempre podrán más.
Antes de continuar, quiero externar que guardo excelentes recuerdos de los alumnos, de algunos de sus profesores, de los técnicos y los trabajadores que hacen que la casa funcione (a pesar de los pesares).
Cuando inicié esta columna hace ya un par de meses me propuse nunca hablar de mi antigua casa, pero hace unos días me llamó la Rectora Alicia Grande Olguín a mi teléfono celular. Charlamos durante largo rato. La rectora es una linda persona, amiga de la hipérbole, me cubrió de elogios desmedidos. Y yo sólo le hice saber lo doloroso que fue para mí largarme de mi antigua casa. Ella aprovechó para hacerme saber que “las puertas de la Universidad estaban abiertas” y que podría regresar cuando yo lo deseara.
Para ser honesto, debo decir que me sorprendió que alguien con un cargo como el que ella detenta se dignara llamar a este pobre diablo. Ese mismo día le respondí a su correo electrónico diciéndole que no pienso poner pie en la universidad, mientras ella y el cúmulo de ineptitudes del que se ha rodeado estén a cargo de los destinos de esa casa de estudios. En respuesta sólo recibí una invitación a participar en el ritual de su informe de actividades, a celebrarse el día de hoy. Pero eso no fue todo, el día de ayer, antes de que los personeros de Slim me cortaran el servicio por falta de pago, recibí la llamada de una de las innumerables damas de la corte rectoril, que deseaba corroborar si había recibido la invitación al citado informe. Esta especie de asedio me incomoda y por eso he roto esa íntima promesa que me hiciera al inicio de este periplo.
Pero yo soy el que está equivocado, y la actual administración de la UTTT, a diferencia de Iván, tendrá trabajo bien remunerado, al menos por otros cuatro largos años, que espero la universidad resista. Afortunadamente para ellos, los políticos en este país desprecian radicalmente la educación. Desprecio que se antoja lógico en un ámbito en el que quienes administran la cosa pública le deben casi nada a las instituciones educativas. Ellos viven en un mundo en el que las cosas se consiguen mediante turbias negociaciones, alianzas oportunas, complicidades fieles, silencios inequívocos; no es el talento, no es la imaginación, no es el conocimiento lo que determina en este país las oportunidades. Yo soy quien habita en el mundo equivocado y desde hace tiempo debí haber asimilado esta verdad inobjetable: si en nuestro país basta con ser amigo de Felipe Calderón para ser secretario de estado; no veo por qué en la UTTT no baste con ser amiga de la rectora para ser, por ejemplo, secretaria de vinculación, aunque del asunto se ignore todo. Esto último me consta y hasta pude verificarlo de manera directa en un par de ocasiones.
No se me antoja presenciar un informe de una institución en la que el apelativo más común es el de “amiguita”. Además, conozco el protocolo perfectamente y mucho me temo que la Historia no podrá absolverme pues hasta he sido cómplice de esa labor cosmética de las cifras y los datos.
No gracias, desde este espacio la saludo y agradezco su invitación. Sólo le encomiendo que cuando esté allá arriba leyendo su discurso, piense un segundo en Iván y en todos aquellos a los que usted, y el grupo de ausencias que la rodean, ofrecieron un mejor futuro.

lunes, 23 de marzo de 2009

LOS EXTREMOS DEL PÉNDULO

Los códigos y preceptos constituyen radiografías idóneas de las motivaciones y conductas de los distintos pueblos. Para trazar un retrato hablado, bastante fiel, de la moral social de una sociedad, bastará con asomarnos a las prohibiciones que, como diques, regularon la conducta de su grey. Para conocer el temperamento de una comunidad bastará con atisbar al interior de sus miedos, sus temores más recónditos: el cúmulo de realidades vedadas para el vulgo, es decir, sus prohibiciones.
Toda prohibición encarna una reacción en contra de una realidad concreta, el apremio por abandonar un estado de cosas que lacera el bien común, o lo que por éste se entiende. Estas prohibiciones actúan sobre la realidad concreta, pretenden reducir un hecho escandaloso, la recomendación de no servir el cabrito cocido en la leche de su madre, nos entrega las coordenadas por las que se movía el Dios Judío, esta sola prohibición nos da una idea más precisa que cualquier tratado de historia de la religiones.
En sentido estricto, una revolución es el abatimiento forzado de un sinnumero de prohibiciones y su puntual sustitución por otras, que apunten en sentido inverso. Si queremos conocer el espíritu de una revolución, revisemos primero cuáles son los límites que instaura, qué es lo primero que abomina y pretende erradicar mediante la prohibición.
En su contundencia, toda prohibición representa una medida urgente, un impulso acaso salvador: la necesidad de una salida de emergencia que nos permita huir de una condición no deseada, el éxodo puntual, aunque en el horizonte no haya el menor indicio de la tierra prometida.
Porque la función de la veda es la sobrevivencia, los primeros auxilios que no buscan llevarnos al edén de nuestros sueños, simplemente tratan de liberarnos del yugo ominoso del presente. No implica un deseo de llegar a sitio alguno. El deseo de toda sociedad, la configuración de la utopía a la que se desea arribar, es tarea de la educación, entendiendo por ésta, los afanes que se realizan dentro de las aulas, la educación que se suministra de manera organizada.
Así, ley y currícula constituyen los extremos del péndulo social: por un lado el estadío que se pretende superar; por el otro, la sociedad perfecta que se busca construir: en un extremo el bálsamo, la cura; en el otro, la cartografía.
No es un buen augur para una sociedad el que sus prohibiciones más elementales no se cumplan, y tampoco lo es el que su educación no muestre otra fisonomía que la del desorden, el desconcierto. Hace tiempo que nuestra educación ha dejado de ser esa cartografía, ha dejado de ser la guía puntual del camino que deseamos transitar.

domingo, 22 de marzo de 2009

Prueba PISA

No estoy en contra de la prueba PISA; estoy en contra de los que miran y organizan el mundo a partir de los parámetros de la dichosa prueba.

Evaluar
Lo que en estos días impera es la evaluación. Evaluar el trabajo de los profesores. Evaluar las capacidades de los estudiantes. Evaluar a las instituiones. ¿Por qué no evaluar a los evaluadores? O, mejor aun, ¿por qué no evaluar la moda mitificadora de la evaluación?